Los inversores buscan liquidez inmediata en traspasos, ofreciendo rendimientos del 8–9% y estructurando activos con respaldo de FIFA y UEFA, los fichajes convertidos en activos financieros
El mercado global de private credit, que ya supera los 30.000 millones de dólares, ha encontrado un nuevo y lucrativo terreno: el fútbol europeo. Los fichajes de jugadores, que este verano superaron los 5.100 millones de euros, rara vez se pagan al contado. Lo habitual es estructurar los traspasos en plazos de entre 1 y 5 años, con el aval institucional de FIFA y UEFA.
Esto convierte los derechos de cobro en un activo financiero exigible y atractivo para los inversores. Para los clubes vendedores, descontar esos flujos significa obtener liquidez inmediata sin tener que esperar años. Para los fondos, se abre una vía de inversión con rentabilidades del 8–9%, muy por encima de lo que pagan los bonos corporativos tradicionales.
Fondos globales en el negocio del deporte
El interés de los grandes jugadores del private credit se ha multiplicado. En 2023, el Nottingham Forest levantó 28 millones de libras del banco australiano Macquarie, garantizados por los pagos diferidos de la venta de Brennan Johnson al Tottenham.
Ese tipo de operaciones, inicialmente bilaterales, ahora llegan al ámbito institucional. Apollo, en alianza con Citi, ha lanzado un acuerdo de 25.000 millones de dólares para empaquetar este tipo de activos. Blackstone también ha dado pasos similares, creando productos dirigidos a fondos de pensiones y aseguradoras. La lógica es clara: transformar los flujos futuros del fútbol en vehículos financieros líquidos y atractivos para inversores globales.

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Riesgos y nuevas fronteras del private credit deportivo
A pesar del atractivo de estas operaciones, el modelo no está exento de riesgos. El colateral es ilíquido y depende de dinámicas deportivas que resultan difíciles de modelizar. Además, el sector carece de una regulación específica y clara, lo que añade incertidumbre.
Sin embargo, el potencial es enorme: en los últimos años, además de los fichajes, el private credit se ha extendido a ingresos por derechos de televisión, contratos de patrocinio y acuerdos con jugadores. Todo apunta a que el deporte, y especialmente el fútbol europeo, se convertirá en un terreno clave para la expansión de estos fondos, que buscan diversificar su cartera con activos no tradicionales pero con flujos altamente exigibles.




