Una estructura con muchas cabezas, un estadio convertido en sociedad propia y el Real Zaragoza sobreviviendo entre despachos y promesas de futuro
El fútbol tiene sabor en la grada, pero se cocina en oficinas. En el Real Zaragoza, los cargos no solo llenan asientos, también marcan la dirección del club. La estructura directiva de la entidad y de La Nueva Romareda SLU apareció en un documento que detalla jerarquías, áreas de influencia y nombres propios.
Lo que para muchos aficionados es un laberinto, para el club es una hoja de ruta organizativa. Sin embargo, en un contexto deportivo complicado, ver tantos cargos, siglas y sociedades internas genera más preguntas que tranquilidad.
Desde arriba, el peso del Consejo de Administración lo lleva Jorge Mas Santos, presidente de la Real Zaragoza SAD. A su lado, nombres que repiten desde hace meses en debates públicos: Pilar Gil Miguel, Mariano Aguilar López, Emilio Cruz Roldán, Juan Forcén Márquez y Laurence Cook. La secretaría del Consejo recae en María Cristina Llop Velasco, que a su vez actúa como consejera. Es un bloque directivo sin fisuras aparentes, blindado y silencioso mientras la afición pide explicaciones.
Los accionistas que mandan en el club y el papel del director general en el negocio, la parte corporativa y la parcela deportiva
Por encima de las firmas y los sellos está quien realmente manda: el capital. Entre los accionistas principales aparecen figuras como Joseph Marie Oughourlian, Pablo Jiménez de Parga Maseda, José Mas Santos, Jim Carpenter, Jim Miller, Mark Affolter y Juan Forcén Márquez. Son los propietarios reales del escudo, las voces capaces de mover millones, tomar decisiones estratégicas y decidir el futuro sin pasar por votación social.
Por debajo del Consejo aparece una pieza clave: el director general. Ese rol lo ocupa Fernando López Lobete, una figura con poder transversal sobre el club. Su responsabilidad abarca tres grandes columnas.
En el área de negocio controla marketing, comunicación, explotación, tecnología y digital. Es decir, la cara pública del club: lo que se vende, lo que se comunica, lo que se muestra. En la parte corporativa, supervisa finanzas, operaciones, infraestructura, área legal y recursos humanos. Y en la parcela que más interés genera, la del fútbol, dirige el área profesional, la cantera y la fundación. En resumen: López Lobete no es un ejecutivo secundario, es el engranaje que conecta vestuario, despachos y economía.
Para muchos aficionados, esto provoca una cuestión: si el director general tiene tanto peso, ¿por qué el silencio se impone tras cada crisis deportiva? ¿Por qué nadie aparece para explicar fichajes, estrategia o errores? La estructura existe, pero la comunicación hacia la calle sigue siendo un muro.

La Nueva Romareda SLU, un organismo propio para un estadio que va mucho más allá del fútbol
El otro gran eje del documento es La Nueva Romareda SLU, una sociedad limitada unipersonal creada para desarrollar, gestionar y explotar el futuro estadio. Al frente se sitúa Natalia Chueca Muñoz, alcaldesa de Zaragoza, como presidenta. Junto a ella se sientan representantes municipales y perfiles vinculados al club, como Pilar Gil Miguel y Juan Ramón Forcén Márquez.
Esta composición tiene un mensaje claro: el estadio no depende solo del club, sino también de la administración pública. La obra se convierte en un proyecto político, económico y social. Y para los aficionados, esto alimenta miedos antiguos: ¿es el club un actor más en una operación que lo supera? ¿O sigue siendo el corazón de la ciudad quien decidirá qué ocurre con su estadio?
La Nueva Romareda es mucho más que gradas y césped. Es explotación económica, alquiler de espacios, eventos, conciertos y negocio privado durante 75 años. Que exista una sociedad independiente muestra que el club ha separado el fútbol del negocio inmobiliario. Para algunos es modernización. Para otros, es un camino peligroso.
La estructura está clara. La jerarquía existe. Las responsabilidades están asignadas. Pero el estado deportivo del equipo choca con un organigrama que parece diseñado para otro momento, otro contexto y otro club. Una maquinaria con muchos dirigentes, pero pocas voces visibles cuando el Real Zaragoza necesita respuestas.



