El club blanquinegro detalla su ejercicio 2024-25 y activa un presupuesto de 102 millones mientras el Nou Mestalla vuelve a escena
El Valencia CF ha puesto sobre la mesa un documento clave para entender su presente y su futuro. La publicación de las cuentas anuales del ejercicio 2024-25 confirma un escenario de superávit, reducción drástica de costes y un presupuesto de 102 millones para la próxima temporada. Las cifras llegan en un momento en el que la afición se pregunta por la situación de Peter Lim, la posibilidad de fichajes y el papel del Nou Mestalla como catalizador financiero. Las dudas permanecen, pero los números trazan un paisaje muy distinto al de hace solo unos años. Las cuentas permiten ver la estructura del club, pero generan un debate inevitable sobre la intención real del máximo accionista.
La deuda total asciende a 382 millones, con la mayor parte refinanciada a largo plazo. El club necesitará ingresar al menos 37 millones mediante ventas o activos inmobiliarios, un objetivo que ya está parcialmente cubierto. En paralelo, la Junta de Accionistas del próximo 17 de diciembre dará la fotografía definitiva de una etapa marcada por la austeridad y la búsqueda de estabilidad estructural.
El Nou Mestalla, Goldman Sachs y un plan de supervivencia financiera que culmina tras cinco años
Las reacciones no han tardado, y voces especializadas ayudan a encuadrar la situación. El economista y asesor fiscal Juan Martín Querol, accionista y profundo conocedor de la estructura financiera del club, no ha dudado en calificar el proceso como “un concurso de acreedores encubierto”. Según él, el Valencia lleva años operando bajo la premisa básica del recorte: “Si no tienes, no gastas”.
El estadio como pieza decisiva
El papel del Nou Mestalla emerge como punto de inflexión. Tras años de paralizaciones y compromisos incumplidos, el estadio vuelve a ser una herramienta activa en el balance. La refinanciación pactada con Goldman Sachs es clave para entender por qué las cuentas, según Querol, muestran un “notable bajo”. Los movimientos contables, especialmente la reversión de deterioros, han permitido maquillar un escenario que hace pocos años era caótico, con un fondo de maniobra negativo de 185 millones que ahora se sitúa en solo 20.
Querol insiste en que este ciclo de cinco años responde a la reconstrucción que el club necesitaba para no colapsar. Ahora, cree que comienza una fase de crecimiento moderado, sostenido por la estabilidad de la deuda, la activación patrimonial del estadio y el recorte continuado de gastos.

Peter Lim no contempla vender y la puerta a fichajes se abre, aunque con moderación
Una pregunta sobrevuela la mente del valencianista: ¿venderá Peter Lim el club ahora que las cuentas parecen saneadas? Para Querol, la respuesta es clara: no. El empresario singapurense habría completado “la parte más difícil”, logrando una posición financiera más respirable y alejando el temor a un colapso institucional. Con la deuda refinanciada, margen presupuestario y un estadio activado, considera improbable que Meriton Holdings deje el proyecto a corto plazo.
En cuanto a fichajes, el discurso es más optimista que en años anteriores. Con el fondo de maniobra negativo muy reducido, el club gana capacidad para invertir sin necesidad urgente de ventas. La entrada en escena de Atitlan como apoyo estructural añade estabilidad y reduce la dependencia de traspasos traumáticos a final de cada ejercicio. Eso no significa que el club vaya a gastar sin control, pero sí que podrá moverse con más soltura en los próximos mercados.
El análisis deja claro que el Valencia ha llegado a un punto de inflexión. No es un éxito rotundo, pero sí el cierre de una etapa crítica. Como resume el propio Querol en su valoración pública: “Ponemos fin al concurso encubierto y dejamos el camino libre para que la parcela deportiva cumpla su cometido, ciñéndose a un presupuesto”. Una síntesis que conecta con la sensación general: estabilidad, prudencia y un horizonte que vuelve, al menos, a parecer transitable.




