El bloqueo de visados fuerza a la FIFA a avalar un campamento extraterritorial
La Federación Iraní de Fútbol ha descartado Tucson (Arizona) como campamento base para el Mundial 2026. Mehdi Taj, su presidente, anunció el traslado a Tijuana (México) con el aval explícito de la FIFA. Una decisión que responde a la imposibilidad práctica de tramitar visados estadounidenses para la delegación. Irán y Estados Unidos no mantienen relaciones diplomáticas desde la Revolución Islámica de 1980, un bloqueo burocrático que la ofensiva militar del pasado febrero agravó.
Instalarse en Tijuana reduce al mínimo los desplazamientos transfronterizos. La delegación solo pisará suelo estadounidense para disputar sus partidos. El vuelo hasta Los Ángeles dura 55 minutos, un tiempo equivalente al que habría necesitado desde Tucson. Taj fue explícito: “Gracias a esta medida, el problema de los visados quedará prácticamente solucionado”. La federación sopesa incluso operar con Iran Air los trayectos hacia Los Ángeles y Seattle. Irán debutará el 15 de junio ante Nueva Zelanda, repetirá en Los Ángeles el 21 de junio frente a Bélgica y cerrará la fase de grupos el 26 de junio contra Egipto en Seattle.
Tucson pierde el campamento: el impacto económico de una crisis diplomática
El traslado no afecta solo a la logística deportiva. Tucson deja de recibir a una selección mundialista que habría ocupado hoteles, restauración y servicios durante semanas. La renuncia coincide con la cancelación de decenas de miles de habitaciones que la propia FIFA ha tenido que ejecutar en las once sedes estadounidenses. Las tarifas hoteleras han caído ante el frenazo de la demanda internacional, un fenómeno que operadores como HRI Hospitality vinculan al “deseo de la gente de venir a Estados Unidos” en descenso por la guerra con Irán y la política migratoria de la Administración Trump.
La FIFA había proyectado un impacto económico de 30.500 millones de dólares para el país anfitrión. Esa cifra se aleja cada semana mientras las sedes comprueban que los conflictos diplomáticos activos vacían gradas y reservas. El caso iraní demuestra que el modelo de inversión de las ciudades sede, con estadios financiados mediante ingresos por ticketing y hospitality, se vuelve incierto cuando una selección no puede ni entrenar en territorio estadounidense. La flexibilidad mostrada por la FIFA ante Tijuana es, ante todo, un aval de emergencia para contener el deterioro económico de un torneo que ya acumula riesgos geopolíticos antes del pitido inicial.




