El Atlético vende el Metropolitano como modelo funcional frente al ruido del Bernabéu

Cuando el fútbol cede el protagonismo, el sonido importa más que los goles y los decibelios pesan más que los títulos

Enrique Cerezo nunca pierde la ocasión de convertir un anuncio en un escaparate. La designación del Riyadh Air Metropolitano como sede de la final de la Champions League 2027 no fue solo una victoria deportiva e institucional, sino también un golpe de efecto en la eterna pugna invisible con el Santiago Bernabéu. En los micrófonos de la Cadena SER, el presidente del Atlético lo dejó claro: su estadio no solo sirve para levantar copas, también para albergar a bandas como Oasis. Y, fiel a su estilo, bromeó: “¿Oasis en junio o julio en el Metropolitano? Sí, sí, seguro… con agua o sin ella”.

El mensaje, más allá de la chanza, es cristalino: el Metropolitano quiere ser algo más que la casa del Atlético; quiere ser un referente cultural y de ocio en Madrid. Un estadio que suena bien, literalmente, y que presume de no despertar a los vecinos con los decibelios de los conciertos, en clara contraposición a los problemas que arrastra el Bernabéu con el ruido en el barrio de Chamartín.

La batalla silenciosa: Bernabéu, icono reformado; Metropolitano, templo funcional

Mientras el Real Madrid presume de un coliseo futurista con techo retráctil y pantallas gigantes, el Atlético se agarra a la funcionalidad discreta: un estadio moderno, inaugurado hace apenas una década, que no envejece y que ya convenció a la UEFA en 2019. Entonces fue Tottenham–Liverpool; en 2027 volverá a ser capital europea del fútbol. La explicación de Cerezo es tan sencilla como punzante: “Nuestro estadio se ha demostrado que es un gran estadio para conciertos, que la calidad de la música es buenísima… los cantantes quedan encantados”.

El Metropolitano se vende como un espacio amable, versátil y, sobre todo, sin polémicas vecinales. El Bernabéu, en cambio, carga con denuncias, quejas y titulares sobre contaminación acústica. Una antítesis en toda regla: el estadio más caro del mundo frente al estadio que se vende como el más cómodo para todos.

Estrategia rojiblanca: orgullo de estadio, orgullo de club

El discurso de Cerezo no es casual. En su relato, el Metropolitano es símbolo de un Atlético que compite “al nivel de Madrid o Barça”, con plantilla reforzada y Simeone todavía como tótem en el banquillo. La UEFA elige su estadio frente a Bakú, los promotores musicales lo prefieren para sus giras, y los hinchas lo sienten como casa moderna y orgullosa.

En el fondo, Cerezo sabe que el Metropolitano es el gran patrimonio del club, un activo que le permite mirar de tú a tú al Bernabéu en un terreno donde no siempre gana el marcador deportivo: el del prestigio urbano, cultural y social. Porque si el Bernabéu busca deslumbrar con su ingeniería, el Atlético pone en valor la sencillez eficaz: que todo funcione, que nadie proteste, y que, si Oasis vuelve a sonar, lo haga sin despertar a los vecinos.