De 30 a 60 millones: el salto económico que permitirá al Betis autofinanciar la obra
El Real Betis afronta la demolición de la grada de Preferencia del Benito Villamarín con un plan ambicioso: transformar su estadio en un recinto polivalente que genere ingresos los 365 días del año. Según el presidente Ángel Haro, el nuevo coliseo permitirá duplicar la facturación anual por explotación del estadio, pasando de los 30 millones del curso pasado a unos 61 millones previstos tras la remodelación.
El secreto no está en aumentar el aforo, que se mantendrá prácticamente igual, sino en triplicar las localidades Premium: de 1.200 a 3.600. Además, el futuro edificio anexo incluirá zonas comerciales, hoteleras y de ocio, lo que ampliará de forma notable las vías de ingresos del club.
Retrasos, demolición y traslado a La Cartuja: el camino hacia 2026
La primera fase del proyecto ya está en marcha. Este martes se procede a derribar la cubierta de la grada de Voladizo, con la demolición completa prevista para mediados de noviembre. Sin embargo, Haro reconoció que los plazos iniciales que fijaban octubre de 2025 como fecha de finalización ya se han desplazado a enero de 2026, y podrían alargarse aún más según el avance de las obras.
Durante este tiempo, el Betis jugará en La Cartuja, con un aforo de 70.000 espectadores y más de 4.000 asientos Premium. Este traslado, lejos de ser un problema, se ha convertido en una oportunidad: en los dos primeros partidos ya se han batido récords de recaudación, con más de 65.000 asistentes frente al Athletic pese a disputarse en pleno agosto. El club calcula que ingresará unos cinco millones extra por ticketing cada temporada en su estancia en el estadio olímpico.

Goldman Sachs y los bonos: la llave financiera del proyecto
La gran apuesta del Betis pasa por una operación financiera con Goldman Sachs, que estructurará una emisión de bonos respaldados por los futuros ingresos del nuevo Villamarín. El objetivo es claro: que el estadio se autofinancie sin comprometer la inversión en la parcela deportiva, donde el club ha logrado consolidarse entre los seis o siete primeros de LaLiga.
Mientras tanto, el propio club gestiona la fase actual de demolición, clasificando y vendiendo materiales como hierro, acero o plomo, y preparando la venta de los antiguos asientos a los socios. Un gesto simbólico hacia la afición en un proyecto que quiere ser mucho más que un estadio: la piedra angular del crecimiento económico y social del Real Betis en la próxima década.




