De la “revolución” prometida al fraude investigado
Lo que en 2021 se presentó como un hito para el futuro económico del fútbol español ha terminado en el despacho de la Fiscalía Anticorrupción. La Audiencia Nacional ha admitido a trámite la denuncia contra CVC y su hombre fuerte en España, Javier de Jaime, por un presunto fraude fiscal de 356 millones de euros. El mismo fondo que Javier Tebas vendió como socio estratégico para cincuenta años está hoy bajo sospecha penal. La foto sonriente del presidente de LaLiga, aquel 12 de agosto de 2021, se convierte con el tiempo en epitafio de una operación que hipotecó medio siglo de ingresos audiovisuales a cambio de pan para un día.
Una Liga vaciada en manos de un fondo bajo lupa
El pacto no solo supuso liquidez inmediata para clubes asfixiados: transformó la propia arquitectura de LaLiga. Con la creación de LaLiga HoldCo, Tebas blindó su poder vitalicio y entregó la llave financiera a un fondo de capital riesgo. Los clubes se convirtieron en figurantes dentro de su propia competición, con un margen de maniobra reducido a la obediencia. La RFEF lo denunció en su momento como “totalmente ilegal”, pero terminó claudicando en 2024 bajo la presidencia de Pedro Rocha y con el voto de Rafael Louzán. Lo que ayer era fraude jurídico, hoy se tolera como si nada hubiera cambiado.

Voces críticas y la evidencia del espejismo
La disidencia no fue inexistente. Felipe Miñambres, desde el Levante, advirtió del sinsentido de invertir en palcos y salas de prensa mientras se descuidaba el terreno de juego. Raúl Martín Presa, presidente del Rayo Vallecano, rechazó directamente el dinero envenenado para no endeudar aún más a su club. Ellos desmontaron el relato triunfalista de Tebas: no todos compraron el espejismo de CVC. Y la realidad se impone con crudeza: un fondo investigado en España y en Francia, un presidente blindado a medida y unos clubes atrapados en una hipoteca institucional.
El fútbol español merecía dignidad y recibió cadenas; merecía transparencia y recibió blindajes. El acuerdo Tebas–CVC no fue la modernización prometida: fue la degradación firmada.


