Dos figuras, un mismo grito: del mito rebelde de Manchester al ídolo vigente de Anfield
El martes, el comité ejecutivo de la UEFA votará una decisión de enorme trascendencia: suspender a la selección y a los clubes de Israel de todas las competiciones europeas. Y entre comunicados diplomáticos y maniobras de despachos, dos nombres propios han resonado con fuerza: Eric Cantona y Mohamed Salah.
El francés, mito del Manchester United y símbolo de irreverencia en los noventa, ha vuelto a levantar la voz, esta vez no contra árbitros o dirigentes del fútbol inglés, sino contra lo que llama sin rodeos la “guerra genocida” en Gaza. En paralelo, Salah, estrella del Liverpool y referente global para millones de aficionados árabes y musulmanes, ha pedido también la suspensión, vinculando su posición al asesinato del futbolista palestino Suleiman al-Obaid, abatido en el conflicto. Antítesis viva: uno, retirado y con aura de profeta indomable; el otro, en plena gloria deportiva, con cada palabra medida al milímetro.
Más allá de la política: el poder simbólico del balón
Que Qatar haya empujado diplomáticamente la moción es relevante; que la mayoría de los miembros de la UEFA se muestren favorables, también. Pero lo que convierte esta votación en un terremoto cultural es el eco que producen figuras como Cantona y Salah. Sus declaraciones trascienden el fútbol: un icono del pasado y un héroe del presente señalando con el dedo a la institución que rige el deporte rey en Europa.
La comparación es inevitable: en otras épocas, el deporte fue escenario de sanciones históricas Sudáfrica en tiempos del apartheid, Rusia tras invadir Ucrania. Ahora, el foco está en Israel, y el aislamiento deportivo que se plantea sería el más grave hasta la fecha.

El martes, la pelota en el tejado de la UEFA
Si la suspensión prospera, el impacto será mayúsculo: equipos fuera de la Champions, de la Europa League, de cualquier escaparate continental. Pero, sobre todo, será una victoria simbólica para quienes, como Cantona y Salah, han recordado que el fútbol no puede seguir jugando como si nada mientras en Gaza mueren civiles y hasta futbolistas.
El balón, que tantas veces ha servido de escapatoria, se convierte aquí en un espejo incómodo. Y la UEFA, que tantas veces ha preferido la neutralidad cómoda, tendrá que elegir si esta vez escucha a sus viejas leyendas y a sus estrellas actuales… o si, como en otras ocasiones, silba mirando hacia otro lado.




