La banca española cierra la puerta al candidato
El Artículo 40 de los Estatutos del Real Madrid es inequívoco. Exige un pre-aval bancario por, al menos, el 15% del presupuesto de gastos, cifra que en el presente ejercicio asciende a 187 millones de euros. La garantía debe estar emitida por una entidad de crédito registrada en el Banco de España y respaldada exclusivamente con el patrimonio personal del candidato y su junta directiva. Enrique Riquelme ha incumplido ese espíritu. Tras recibir el portazo de Santander, BBVA y el resto de entidades nacionales de referencia, ha tenido que buscar cobijo en Scotiabank (Canadá) y Andbank (Andorra).
Para intentar cuadrar el requisito legal, la candidatura ha necesitado un contraaval de la filial española de Andbank. La operación se articula de forma que el banco andorrano emite el aval principal y la sucursal en España lo refrenda ante el club. El montaje puede ser formalmente admisible (la Junta Electoral decidirá), pero quiebra de raíz la función del precepto: filtrar a quienes carecen de crédito real en el sistema financiero doméstico.
Un aval instrumental que vacía el espíritu estatutario
Los Estatutos no exigen un banco español por capricho. Lo hacen para garantizar que el aspirante ha superado el escrutinio de las entidades que operan bajo la supervisión del Banco de España, las mismas que sostienen las líneas de crédito del club. Que ninguna entidad del país haya aprobado un análisis de riesgo sobre el patrimonio de Riquelme es una señal mayúscula. No se trata de un problema de cuantía, se trata de confianza.
Un presidente del Real Madrid maneja un presupuesto consolidado que ronda los 1.100 millones de euros y negocia naming rights, refinanciaciones del Bernabéu y contratos de patrocinio con interlocutores que exigen solvencia acreditada. Llegar al cargo con un aval extranjero apuntalado por un contraaval instrumental transmite lo contrario. La candidatura no convence ni a su banca nacional.
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La banca española ha dictado sentencia: no confía en el patrimonio de Riquelme. Recurrir a bancos de Canadá y Andorra mediante un contraaval no restituye la credibilidad perdida. El silencio de Santander y BBVA es atronador.
Aceptar esta arquitectura sentaría un precedente peligroso. Bastaría con buscar una entidad foránea dispuesta a emitir el documento y una sucursal española que lo refrende para sortear el filtro. La Junta Electoral debe interpretar el artículo conforme a su finalidad y no limitarse a un formalismo vacío. El Real Madrid no puede permitirse una presidencia sin el respaldo financiero que los estatutos quisieron blindar.




