La postura del club rojiblanco y el cálculo de la plusvalía contable
El Atlético de Madrid mantiene un bloqueo absoluto a la propuesta del FC Barcelona por Julián Álvarez. La oferta, cifrada en 100 millones de euros según ha trascendido, no ha obtenido respuesta formal del club rojiblanco. El silencio institucional ha provocado un malestar creciente en el entorno del delantero argentino.
La dirección deportiva que encabeza Mateu Alemany recibió la comunicación azulgrana a principios de semana. El Atlético considera al futbolista pieza clave del proyecto de Diego Simeone. Su salida, además, obligaría a calcular meticulosamente la plusvalía contable. El fichaje de Julián Álvarez figura como inmovilizado intangible en las cuentas rojiblancas. El valor neto contable aún es elevado. Cualquier traspaso debe generar un margen suficiente para no deteriorar los ratios de sostenibilidad financiera que monitoriza LaLiga.
El factor anímico y la viabilidad financiera de la operación
El delantero esperaba un gesto de reciprocidad. Su entorno recuerda que forzó para jugar la vuelta de semifinales de Champions ante el Arsenal con molestias en el tobillo. Ahora interpreta la indiferencia del club como un agravio. Julián Álvarez no busca una guerra pública. Su estrategia pasa por presionar desde la preferencia deportiva declarada: el FC Barcelona es su prioridad por delante de PSG y Arsenal.
El Barcelona necesita maniobrar con precisión quirúrgica. Su masa salarial sigue tensionada por las exigencias de la Regulación de Sostenibilidad Financiera. Afrontar 100 millones exige liberar fichas de alto coste y generar ingresos extraordinarios antes del 30 de junio. El PSG, con capacidad para pagar al contado sin comprometer sus ratios de endeudamiento, observa la situación como alternativa de mercado.
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El futbolista se encuentra concentrado con Argentina en Estados Unidos para la preparación del Mundial. Gestiona cargas en el tobillo bajo la supervisión de Lionel Scaloni. Su deseo de viajar con el futuro resuelto choca con la negativa rojiblanca a sentarse siquiera a negociar. El pulso entre dos rivales directos queda instalado.




