El ultimátum del presidente de la televisión estatal china
Shen Haixiong, presidente de la Televisión Central de China (CCTV), ha lanzado una acusación directa contra Gianni Infantino y la cúpula de FIFA. La exigencia de 300 millones de dólares por el paquete de derechos de retransmisión del próximo Mundial 2026 ha llevado al máximo responsable de la cadena estatal a declarar que la organización «se ha corrompido bajo Infantino». La frase, recogida por medios oficiales, supone una fractura sin precedentes entre la institución que gobierna el fútbol y el mayor mercado publicitario de Asia.
La cifra exigida multiplica por tres el valor del contrato anterior, según fuentes del sector audiovisual. CCTV había pagado cerca de 100 millones de dólares por el ciclo mundialista de 2022. La nueva pretensión económica se enmarca en la necesidad de FIFA de maximizar el retorno de un torneo que, por primera vez, se disputará con 48 selecciones y en tres países: Estados Unidos, México y Canadá. Los ingresos por audiovisual proyectados para el ciclo 2023-2026 superan los 11.000 millones de dólares, según los presupuestos internos del organismo.
Cómo Infantino transformó la FIFA en una máquina de ingresos sin contrapeso regulador
Desde su llegada en 2016, Infantino ha priorizado la liquidez inmediata por encima de la accesibilidad del producto. Los derechos televisivos, las entradas y los patrocinios han multiplicado su peso relativo en una cuenta de resultados que hoy depende menos del matchday y más de los contratos con plataformas. La Regulación de Sostenibilidad Financiera que exige a los clubes no se aplica a FIFA con el mismo rigor, lo que permite a la organización imponer condiciones draconianas sin riesgo de sanción externa.
Las palabras de Shen Haixiong afilan un argumento que trasciende a China: «El fútbol solía pertenecer a todos, pero poco a poco se lo han quitado a la clase media». El precio de las entradas para los partidos del Mundial 2026 refleja esa deriva. Las localidades más asequibles para la fase de grupos parten de 150 dólares, un valor que duplica el mínimo de Qatar 2022. Para un trabajador estándar de Pekín o Nueva Delhi, ese desembolso equivale a un porcentaje inasumible de su renta mensual.
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Tres mil millones de espectadores en juego: el riesgo económico de excluir a India y China
El presidente de CCTV ha sido explícito sobre las consecuencias comerciales: «Podrían perder una audiencia combinada de 3.000 millones de personas solo de India y China si no reducen su codicia». Las dos naciones suman más de 2.800 millones de habitantes. El valor de ese mercado publicitario potencial, calculado a partir de los ingresos por audiovisual y patrocinio que generan eventos comparables, supera los 1.200 millones de dólares anuales según analistas de la industria.
Si CCTV retira su oferta, el efecto dominó podría arrastrar a otras cadenas del sudeste asiático que ya cuestionan la escalada de las tasas de transmisión. La asociación de televisiones de Asia-Pacífico, según ha trascendido, estudia una posible negociación conjunta para contrarrestar el monopolio de facto que ejerce FIFA en cada ciclo. La pérdida de exposición en esos mercados afectaría directamente a los contratos de patrocinio de marcas globales como Adidas, Coca-Cola o Qatar Airways, que basan parte de su retorno en la penetración asiática de la señal.
La paradoja del crecimiento: más equipos, más partidos y menos aficionados
El formato ampliado a 104 partidos generará más horas de contenido, un argumento utilizado por FIFA para justificar los incrementos de tarifas a las televisiones. Pero el sobreprecio corre el riesgo de vaciar de audiencia precisamente las franjas horarias diseñadas para captar al espectador asiático. Si los ciudadanos de Shanghái o Bombay no pueden ver los encuentros en abierto, el fútbol de selecciones pierde su última ventaja estratégica: la gratuidad masiva que sostiene su base social.
La estructura de ingresos de FIFA en el ciclo 2026 revela una dependencia extrema de los derechos televisivos: representan más del 55% del total. Cualquier fisura en mercados grandes, especialmente si son emergentes, puede provocar una contracción en la valoración de futuros ciclos. Los analistas de Deloitte ya advirtieron en su informe anual sobre el fútbol europeo que la saturación de precios en los paquetes audiovisuales estándar obligaba a buscar nuevas fuentes. El caso chino marca un punto de inflexión imprevisto en esa hoja de ruta.




