FIFA controla la reventa Mundial 2026 y viola sus estatutos

Precios dinámicos y reventa: el modelo de negocio que la FIFA escondió en 1994

El Mundial 2026 se perfila como el más caro de la historia. La entrada de grupo más asequible parte de 600 dólares, según el último tramo de venta. La final en el MetLife Stadium alcanzó los 10.990 dólares en abril, tras aplicar un sistema de precios dinámicos que ajusta tarifas conforme a la demanda. El mecanismo, rechazado expresamente por la FIFA en 1994, regresa ahora como eje de un modelo de negocio que ha despertado críticas dentro y fuera del fútbol.

La clave financiera no está solo en la venta directa. El FIFA Marketplace, plataforma oficial de reventa, retiene un porcentaje de cada transacción secundaria. Fuentes del mercado confirman que esa comisión oscila entre el 10% y el 15% sobre el precio final. Esto convierte a la FIFA en beneficiaria de la especulación que dice combatir. En 1994, la organización vetó planes similares de monetización agresiva. Tres décadas después, el mismo organismo ha construido exactamente aquello que entonces consideró inaceptable.

Acusaciones de violación de estatutos y la denuncia ante la Comisión Europea

Las críticas no se limitan a los precios. Football Supporters Europe (FSE) ha denunciado que la FIFA está vulnerando sus propios estatutos de neutralidad política, señalando la adulación del presidente Gianni Infantino hacia el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La organización de aficionados considera que el trato preferente contradice el mandato de no injerencia política que proclama el artículo 3 de los estatutos. La denuncia, presentada ante la Comisión Europea, sigue activa y podría derivar en un expediente si se acredita el perjuicio al consumidor.

Trump, por su parte, criticó abiertamente los altos precios durante una entrevista con el New York Post el 6 de mayo. Aseguró que ni siquiera él pagaría los 1.000 dólares necesarios para ver el partido de Estados Unidos contra Paraguay. La frase que mejor resume el problema, sin embargo, la pronunció Pep Guardiola: «Los aficionados son la clave para que este negocio pueda seguir funcionando». Una sentencia que contrasta con un modelo que, según FSE, convierte el Mundial en el espectáculo más excluyente del planeta.

Mientras la FIFA mantiene que el sistema favorece la transparencia y la lucha contra la reventa ilegal, los datos desmienten esa narrativa. El aficionado medio ha quedado fuera de una ecuación donde cada asiento vendido dos veces genera ingresos extra para quien ya se llevó el canon de organización. La Comisión Europea estudia si hay abuso de posición dominante. El Mundial 2026, antes de rodar el balón, ya ha puesto las reglas del juego patas arriba.