La justificación que choca con los 11 dólares de los Yankees
Gianni Infantino compareció el martes en la Conferencia Global del Instituto Milken en Beverly Hills para defender el precio de las entradas del Mundial 2026. Argumentó que en Estados Unidos un partido universitario de nivel no baja de 300 dólares y que la FIFA recibió 500 millones de solicitudes de entradas. La comparación no resiste un contraste elemental: ese mismo día, un boleto para los New York Yankees costaba 11 dólares en el mercado de reventa. La cifra de solicitudes, además, incluye duplicados y cuentas de especuladores, no de aficionados únicos.
La estructura de precios sitúa la entrada más cara para la final en 11.000 dólares, frente a los 1.600 dólares que costaba en Qatar 2022. Una multiplicación por siete que la FIFA justifica con la lógica del mercado estadounidense. En la plataforma de reventa oficial del organismo, la semana pasada se ofrecieron cuatro entradas para la final a más de 2,3 millones de dólares cada una.
La diferencia con el precio facial supera las 200 veces. La reventa especulativa opera con la infraestructura oficial de la FIFA sin que el organismo haya fijado límites a las plusvalías. Los 2,3 millones de dólares alcanzados la semana pasada demuestran que la final del Mundial 2026 se ha convertido en un activo financiero más que en un espectáculo popular.
La broma del perrito caliente que viralizó la indignación
Cuando le preguntaron por esos 2 millones, Infantino respondió con ironía: “Si alguien compra una entrada para la final por dos millones de dólares, yo personalmente le llevaré un perrito caliente y una Coca-Cola”. La frase no provocó risas. Provocó un titular planetario y una indignación mayor. Detrás del chiste hay un presidente que normaliza una barrera de acceso que excluye de la Copa del Mundo a millones de aficionados.
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Football Supporters Europe demanda a la FIFA por precios abusivos
Football Supporters Europe (FSE) calificó la política de precios de “abusiva” y de “traición monumental” a los seguidores. En marzo presentó una demanda ante la Comisión Europea por los precios excesivos. La organización denuncia que la FIFA ha convertido el evento más democrático del deporte en un producto de lujo para élites. La demanda, dirigida a la Dirección General de Competencia, sostiene que el organismo abusa de su posición dominante y vulnera el principio de accesibilidad universal del deporte.
El Mundial 2026, con 48 selecciones y 104 partidos en 16 sedes de Canadá, México y Estados Unidos, será el de mayor capacidad de la historia. Sin embargo, la estrategia de precios desmiente el discurso inclusivo. La defensa de Infantino, con ironía o sin ella, deja al descubierto la fractura entre un fútbol que se proclama de todos y un modelo de negocio donde ver la final cuesta 11.000 dólares y una broma vale más que una solución.




