El Betis tasa a Ez Abde en €60M con Newcastle y Aston Villa interesados

La explosión de un extremo que dispara su valor de mercado

Ez Abde ha protagonizado la temporada de su consolidación definitiva en el Real Betis. El extremo marroquí, fichado por 7,5 millones de euros al FC Barcelona en 2023, ha sido pieza angular en la clasificación verdiblanca para la próxima Champions League. Su irrupción ha modificado su estatus contractual, su valor contable y el tablero del mercado estival. En Heliópolis manejan una horquilla de salida que roza los 60 millones de euros.

El rendimiento ofensivo de Abde —desborde, goles, asistencias y madurez en la toma de decisiones— ha disparado su tasación. El Betis ya no negocia con una promesa irregular. Negocia con un internacional absoluto por Marruecos, diferencial en el uno contra uno y con contrato blindado hasta 2028. Manuel Pellegrini lo ha convertido en referencia del ataque. Perderlo sería un golpe deportivo. Pero las cifras mandan.

La plusvalía oculta que activa el interés de la Premier League

La operación contable es elocuente. Con tres ejercicios amortizados sobre un coste de adquisición de 7,5 millones, el valor neto contable de Abde ronda los 3 millones de euros. Una venta por 60 millones generaría una plusvalía próxima a los 57 millones. Esa inyección transformaría por completo la capacidad de inversión del club en un verano con Champions League en el horizonte.

Newcastle United y Aston Villa han pulsado la opción. Ambos clubes compiten en Champions League, manejan límites salariales holgados y buscan extremos verticales. Unai Emery, técnico del Aston Villa, conoce a la perfección el perfil de Abde: velocidad, agresividad en el espacio y capacidad para estirar defensas replegadas. El proyecto deportivo y el músculo económico de la Premier League representan una amenaza real para la continuidad del marroquí.

Para el Real Betis, el dilema es estratégico. Vender a una estrella justo antes del regreso a la máxima competición europea contradice el discurso de crecimiento. Pero ingresar 60 millones por un futbolista reclutado como apuesta de futuro devuelve un margen de maniobra difícil de rechazar. La dirección deportiva tendrá que medir el momento exacto, las posiciones competidoras y el límite salarial disponible para redistribuir el impacto de una potencial salida.