El precedente valencianista que explica el perfil inmobiliario puro del holding azteca
El Grupo DMI, el holding inmobiliario mexicano que irrumpió en la recta final de la negociación por el Sevilla FC junto a Sergio Ramos, llamó antes a la puerta de Peter Lim en Mestalla. El máximo accionista del Valencia CF rechazó abrir negociaciones formales con el grupo liderado por Álvaro Leaño a comienzos de año, según confirman fuentes del mercado a El Correo de Andalucía. La negativa del propietario singapurense frustró el intento inicial de desembarco de DMI en el fútbol español.
El dato no es anecdótico. Explica el patrón de inversión del holding mexicano y arroja luz sobre la reconfiguración de última hora que dinamitó el acuerdo en Nervión. DMI es una firma de marcado carácter inmobiliario con experiencia en desarrollos residenciales, proyectos de vivienda vertical, espacios comerciales, oficinas, hoteles y activos vinculados al retail. Su interés por el Valencia respondía a una lógica patrimonial, no deportiva.
Dos operaciones urbanísticas en Valencia y una proyección aún mayor en Sevilla
El club de Mestalla tiene sobre la mesa dos operaciones de enorme calado inmobiliario. La finalización del Nou Mestalla y la futura venta del suelo del actual estadio, con una superficie edificable cercana a los 90.000 metros cuadrados y usos residenciales, hoteleros, de oficinas y terciarios. Un activo especialmente atractivo para un grupo como DMI. Sin embargo, Peter Lim declinó cualquier contacto formal.
Fuentes del mercado inmobiliario consultadas apuntan que el Sevilla ofrece una proyección de plusvalías aún mayor. El patrimonio inmobiliario del club andaluz es inferior al del Valencia y se encuentra en un estadio de desarrollo menos avanzado. No hay un proyecto de estadio en marcha. La posibilidad de construir una nueva instalación, explotar La Cartuja o desarrollar la ciudad deportiva abre un margen de revalorización que en Valencia ya está parcialmente ejecutado.
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De los 376 millones de la LOI al préstamo participativo convertible
La transacción original por el Sevilla contemplaba una inversión comprometida de 376,3 millones de euros. El desglose: 296,3 millones para los accionistas vendedores por aproximadamente el 85% del capital social y una ampliación de capital de 80 millones. La LOI firmada blindaba ese esquema.
La propuesta final de DMI y Sergio Ramos rebajó la inversión a unos 222 millones y modificó por completo la estructura. Primero, una ampliación de capital de 120 millones mediante un préstamo participativo convertible. Después, una compra de acciones por hasta 102 millones para alcanzar el control de la sociedad. El inversor obtenía así el dominio del club sin desembolsar el precio pactado inicialmente por las acciones de los vendedores actuales. La parte vendedora interpretó el giro como una operación distinta a la acordada y dio por rotas las negociaciones.
La aparición de un inversor con un perfil inmobiliario tan definido como DMI, unida al precedente frustrado del Valencia y al cambio estructural planteado a última hora, acrecentó las dudas sobre el proyecto real que subyacía tras la oferta del grupo de Sergio Ramos.




