El colapso de liquidez de un activo de cuatro millones en seis ejercicios
Amath Ndiaye, extremo del Real Valladolid de 29 años, percibe una ficha de 675.000 euros brutos esta temporada y de 1,2 millones en la anterior, con el equipo en Primera División. Sus seis últimas declaraciones de la renta suman ingresos de cuatro millones de euros. Sin embargo, el jugador senegalés ha tenido que solicitar un Bizum de 200 euros a un amigo para hacer la compra, según ha podido saber futbolfinanzas.com. Su cuenta corriente está «a cero», admiten tanto su anterior agencia (EF11 SL) como su nueva representación (Youfirst).
La raíz del desfase está en la cotitularidad bancaria. Luis Perote, titular de EF11 SL con sede en Valladolid, figuraba como cotitular de una de las cuentas del futbolista y gestionaba la práctica totalidad de sus ingresos. El jugador rompió esa relación de quince años el pasado 11 de junio. El detonante: no haber recibido 3.000 euros para sufragar el viaje a Senegal tras el fallecimiento de su padre en abril. EF11 SL asegura que abonó ese desplazamiento «de su propio bolsillo» ante la falta de liquidez del atacante.
Embargos, impagos de alquiler y una plantilla que busca liberar masa salarial
El deterioro patrimonial del jugador se ha acelerado en los últimos meses. Acumula mensualidades de alquiler sin abonar en su vivienda de Soto Verde (Arroyo de la Encomienda) y ha recibido notificaciones de posible embargo sobre un Mercedes y un Audi de alta cilindrada adquiridos esta temporada. El abogado del futbolista solicitó ayer los extractos bancarios a EF11 SL, que se negó a facilitarlos y se reserva acciones legales contra Ndiaye por, según alega, «deberles dinero».
Para el Real Valladolid, la situación trasciende el ámbito personal. El club tiene al extremo en la lista de prescindibles precisamente por el elevado coste de su ficha, con contrato hasta junio de 2027. La entidad blanquivioleta necesita liberar masa salarial en un contexto de ajuste tras el descenso. El jugador, mientras, ha firmado con Youfirst hasta 2028 y prescindirá en los próximos días del intermediario que mediaba con su anterior agencia «por pérdida de confianza».
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El caso expone un vacío de supervisión. Un profesional con ingresos acumulados de cuatro millones en seis ejercicios termina insolvente de facto sin que ningún mecanismo haya activado las alertas. Ni la cotitularidad ni la gestión delegada explican por sí solas el agujero. La vía judicial que anuncian ambas partes —el jugador, para rastrear el destino de su dinero; la agencia, para reclamar cantidades pendientes— determinará si hay responsabilidad contractual o simplemente un gasto descontrolado sin registro.




